El Final de la Era de la Iglesia, ... y Después
Hemos aprendido que en el programa de Dios del Evangelio,
hay tres estaciones que Dios ha planeado. Ahora tenemos que mirar con algún
detalle la primera estación. Es la estación identificada con la lluvia
temprana de justicia. Es la estación lluviosa que produjo una cosecha muy
significativa. Esa cosecha fue el Señor Jesús mismo como el Cordero que sería
inmolado
El comienzo de esta estación de lluvia en un sentido
puede remitirse al principio del tiempo. Desde el momento que Adán y Eva
cayeron en pecado, el Evangelio estaba disponible para salvar. Recuerde que en
el contexto del Evangelio, el uso de la palabra “lluvia” era para describir
el Evangelio como lluvia del cielo para proveer vida espiritual en las vidas de
quienes Cristo vino a salvar.
En la situación de la lluvia temprana de justicia, aprendimos que el enfoque de la cosecha espiritual no estaba sobre quienes vendrían a ser salvos. En vez de eso, estaba sobre el Señor Jesucristo quien es la primera cosecha temprana. El fue la primicia de los primeros frutos. El estaba identificado con la Pascua que fue guardada por Israel al tiempo cuando primeramente entraron a la tierra de Canaán, inmediatamente después que cruzaron el Río Jordán. Recuerde que leemos en Levítico 23:10-11:
Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, y seguéis su mies, traeréis al sacerdote una gavilla por primicia de los primeros frutos de vuestra siega. Y el sacerdote mecerá la gavilla delante de Jehová, para que seáis aceptos; el día siguiente del día de reposo la mecerá.
La cosecha que fue recogida en ese tiempo fue llamada primicia de los primeros frutos. La primicia de los primeros frutos fue el Señor Jesucristo.
Recuerde que aprendimos que en el Nuevo Testamento Cristo es llamado las primicias en I Corintios 15:23 y en Romanos 8:23. Esta cosecha también se identifica con la tierra de Canaán, la cual es una representación del reino de Dios. Debido a que Jesús vino como el Cordero Pascual, el reino de Dios, tipificado por Canaán, vino a ser realidad. Antes que Jesús fuese anunciado, Juan el Bautista estaba predicando que el reino de Dios se había acercado (Mateo 3:2). Se había acercado porque Jesús, quien es la esencia misma del reino de Dios, estaba por ser anunciado como el Mesías.
La estación
de la Lluvia Temprana de Justicia, que terminó cuando Jesús fue anunciado, se
identifica muy de cerca con el Antiguo Testamento. Como ya fue indicado, en un
sentido esta lluvia temprana de justicia del Evangelio se remite al mismo
principio del tiempo. Todo lo que se reporta en los primeros once capítulos de
Génesis son eventos importantes que ya estaban preparando a este mundo para la
grande y maravillosa cosecha de la primicia de los primeros frutos, el Señor
Jesús.
La creación del mundo, la caída de la humanidad en el
pecado, la multiplicación del pecado en el mundo, la salvación de Noé y su
familia de las aguas que destruyeron la totalidad del mundo de la época de Noé,
la confusión de las lenguas, y la división del continente en los días de
Peleg, todos tuvieron su lugar en tanto que Dios estaba preparando al Mesías
que habría de venir. Incluso la información dando la duración de vida de
tantos individuos fue parte de las preparaciones necesarias para producir a Jesús
como cosecha. Esto nos ayudaría a entender que Jesús vino en el cumplimiento
del tiempo.
Sin embargo, en otro sentido, el principio de la lluvia
temprana de justicia comenzó con la circuncisión de Abraham en el año 2068
A.C. Esto marcó el comienzo oficial de la nación de Israel de quien vino
Cristo. La ocupación de la tierra de Canaán, el nacimiento de Isaac en la edad
avanzada de Sara, y el sacrificio de Isaac fueron todos eventos históricos que
enfocaban particularmente al plan de salvación de Dios.
Estos eventos históricos que sirvieron como cuadros
maravillosos del programa de salvación de Dios, se multiplicaron a través de
toda la historia de la nación de Israel. La salida de Egipto bajo el liderazgo
de Moisés, el cruce del Mar Rojo, la obtención del maná de los cielos y agua
de la roca fueron grandes y maravillosos eventos que sirvieron como indicadores
señalando hacia la cosecha que habría de venir. Recuerde que la cosecha fue el
Señor Jesucristo como el cordero del sacrificio.
Además, Dios dio una multitud
de leyes que ayudaron a enfocar los ojos de Israel en el carácter y obra del
Mesías por venir. Las leyes concernientes a los días de fiesta, días de
reposo, ofrendas encendidas, sacrificios de sangre, y todas las demás leyes
ceremoniales señalaban la venida del Señor Jesús como el Salvador.
En efecto, a través de toda la estación desde Abraham
hasta el anuncio de Cristo dado por Juan el Bautista, Dios no tan sólo ilustró
la naturaleza de la cosecha venidera, que era el Señor Jesús, sino también
proveyó por medio de Israel la Palabra hablada concerniente a esta cosecha. Fué
en el marco de la historia de Israel y por el uso de los Israelitas que el
Antiguo Testamento completo nos fue dado. Fue de Israel que los santos hombres
de Dios, de la antigüedad, hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
Por cierto, todas las cosas que están registradas en el Antiguo Testamento
fueron los ingredientes necesarios para proveer la super maravillosa cosecha de
nuestro Mesías quien es la primicia de los primeros frutos.
Verdaderamente,
hubo gente que llegó a ser salva a través de todos los primeros 11,000 años
de historia y especialmente durante los 2100 años de la estación de la
historia de Israel, comenzando con Abraham. Noé halló gracia delante del los
ojos del Señor. Enoc, séptimo desde Adán, fue salvo. Aún antes de él, Abel
segundo hijo de Adán fue salvo.
La Biblia da nombres de algunos que fueron salvos
durante la historia de Israel. Hombres como Moisés, Aarón, Josué, Caleb,
Samuel, David, Abimelec, y la familia de los Recabitas son algunos de los
nombrados por Dios. Algunas de las mujeres que fueron salvas incluyeron a Rut la
Moabita, Rahab, Sara, Hulda, y la reina de Saba.
Sin embargo, no hay evidencia de muchos siendo salvos.
La realidad es que, tenemos la información que se nos da en Hebreos 3 que
Israel pereció en el desierto por causa de incredulidad. El número más grande
que podemos encontrar en el Antiguo Testamento fue el reporte de Dios a Elías
que en aquel tiempo, habían 7,000 que no habían doblado su rodilla delante de
Baal. Si estimamos que Israel podía haber numerado tantos como dos millones de
personas en ese tiempo, 7,000 serían solamente cerca de un tercio del uno por
ciento de la nación. Seguramente pudo haber habido otros tiempos cuando aún un
porcentaje más grande de la nación de Israel fuera salva, pero Dios no nos da
un lenguaje claro en cuanto a este asunto.
En lugar de eso, el enfoque constante del Antiguo
Testamento debe ser entendido que está en el Mesías por venir. No fue sino
hasta que El viniera como la primicia de los primeros frutos, como la mismísima
primera cosecha, que no habría salvación para el mundo. Debemos recordar que
el enfoque primario del Evangelio no es la nación de Israel. El enfoque
principal del Evangelio está sobre el Señor Jesucristo quien proveería
salvación para todos los elegidos que están diseminados por todo el mundo.
También es cierto que porciones sustanciales del
Antiguo Testamento enfocan la lluvia temprana y la lluvia tardía del Nuevo
Testamento. Esto puede ser entendido si recordamos que Jesús es tanto Salvador
como Juez de toda la tierra. El es el Juez de toda la tierra quien se vació a sí
mismo de Su gloria para venir a ser el siervo sufriente quien sería la primicia
de los primeros frutos, la primerísima cosecha. Pero El nunca cesó de ser el
Dios eterno quien es Juez y Rey de toda la tierra.
Por consiguiente, el Antiguo Testamento provee una gran
cantidad de información concerniente a la naturaleza e impacto del plan de
salvación de Dios. Pero también provee gran cantidad de información
concerniente a los juicios de Dios por venir. Puesto que el juicio final
comienza con el juicio de Dios sobre las iglesias y congregaciones, podemos
esperar y encontrar mucha información en el Antiguo Testamento concerniente a
la Gran Tribulación de nuestros días. Al continuar con este estudio, veremos
esto.
Esta estación de la lluvia temprana de justicia que
produjo a Cristo como las primicias de la cosecha de los primeros frutos fue
seguida por un tiempo de gran escasez espiritual. Ese tiempo fueron los tres años
y medio durante los cuales Jesús ministró en la tierra de Israel. Examinaremos
muy cuidadosamente ese período de tres años y medio en nuestro siguiente capítulo.